IMPORTANTE
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preguntas sobre el TDAH
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P1 ¿Qué tipos de TDAH hay?
P2 ¿Puede un niño con TDAH no ser hiperactivo?
P3 ¿Cómo son los niños con TDAH?
P4 ¿Qué características tiene y como se reconoce la inatención?
P5 ¿Qué características tiene y como se reconoce la hiperactividad?
P6 ¿Qué características tiene y cómo se reconoce la impulsividad?
P7 ¿Es el TDAH un problema sólo de niños pequeños, que mejora con la edad?
P8 ¿Cómo son los adultos con TDAH?
P9 ¿Cuál es la causa del TDAH?
P10 ¿Se hereda el TDAH?
P11 ¿Qué neurotransmisores están implicados en el TDAH?
P12 ¿Cuál es el origen cerebral del TDAH?
P13 ¿Es culpa de los padres el TDAH de su hijo?
P14 ¿Quién hace el diagnóstico de TDAH?
P15 ¿Cómo se realiza un diagnóstico de TDAH?
P16 ¿Cuáles son los síntomas de la lista de inatención?
P17 ¿Cuáles son los síntomas de hiperactividad- impulsividad?
P18 ¿Existe alguna prueba para hacer el diagnóstico de TDAH al 100%?
P19 ¿A cuantos niños afecta el trastorno?
P20 Adultos y el TDAH
P21 ¿Qué otros problemas suelen acompañar al TDAH?
P22 ¿De qué se debe diferenciar el TDAH?
P23 ¿Qué es el trastorno oposicional / negativista / desafiante?
P24 ¿Qué es el trastorno de la conducta o trastorno de la conducta o trastorno
disocial?
P25 TDAH y dificultades de aprendizaje
P26 ¿Cuál es el tratamiento del TDAH?
P27 ¿Qué medicaciones ayudan en el TDAH?
P28 ¿Qué efecto tienen las medicaciones?
P29 ¿Cuáles son los efectos secundarios que pueden ocasionar los
psicoestimulantes?
P30 ¿Son seguros los medicamentos para el TDAH?
P31 ¿Qué puedo hacer para mejorar la autoestima de mi hijo?
P32 ¿Cómo pueden los padres establecer rutinas estables y predecibles para
estructurar el tiempo?
P33 Refuerzos positivos
Hay tres tipos de TDAH:
– TDAH tipo hiperactivo-impulsivo (el niño sólo presenta
hiperactividad e impulsividad), que es muy poco frecuente.
– TDAH tipo inatento (el niño solo muestra síntomas de
inatención).
– TDAH tipo combinado (el niño presenta los tres síntomas:
hiperactividad, impulsividad e inatención), es el más
frecuente.
Claro que sí. No todos los niños con TDAH son hiperactivos. Los
niños con
TDAH tipo inatento no tienen hiperactividad o impulsividad; sólo
presentan síntomas de inatención: cometen errores por no
prestar atención a los
detalles, no mantienen la atención en tareas largas, parece que
no escuchan, tienen dificultad para completar órdenes complejas
(dejan las cosas a medias), evitan las acciones que requieren
esfuerzo mental (dejan los deberes siempre para el final), son
muy desorganizados, pierden cosas, son olvidadizos y se
distraen con facilidad. Los niños con TDAH tipo inatento pueden
pasar inadvertidos en clase porque no molestan. A veces pasan
por “despistados”, se pasan el día “mirando a las musarañas”.
Suelen venir a la consulta en cursos de secundaria porque se
produce un fracaso escolar sin motivo aparente. Es más
frecuente en niñas.
Inicialmente, no tienen problemas graves con las notas hasta que
las clases se hacen más complicadas.
R3Los niños con TDAH tienen mucha dificultad para
permanecer sentados en clase y para estarse quietos, enredan
con pies y manos y hacen ruido. También les resulta muy difícil
prestar atención, se distraen mucho en clase, con frecuencia
parece que no escuchan lo que les dicen (están en Babia).
Para sus padres y profesores es muy difícil que acaben sus
deberes o tareas, ya que
retrasan o dejan “para después” cualquier cosa que les cueste
un esfuerzo mental hacer.
Los niños que presentan hiperactividad
están en movimiento constante, con
muchas dificultades para permanecer
sentados durante mucho tiempo (en
clase, en la cena, en la iglesia,.…). Se
levantan, caminan, corren, a veces
hablan mucho... Les resulta imposible
aguantar una clase entera sentados y
quietos. Cuando están sentados, se
mueven mucho en la silla, enredando con
los pies y manos, cambiando de postura,
tocándolo todo, con frecuencia por ello
las cosas se les caen al suelo, son
ruidosos, dando golpecitos en la mesa o
canturreando. Otras veces, aunque no se
mueven, dicen que se sienten inquietos o
nerviosos. Los padres cuentan que estos
niños mordisquean y rompen los lápices
y bolígrafos, y desarman las cosas que
tienen piezas perdiendo o estropeando
algunas y sin poder armarlas de nuevo
(desarman un bolígrafo y pierden el
muelle o lo estiran); a veces también
muerden las ropas o arrancan los hilitos
que sobresalen hasta que los rompen.
Los niños impulsivos tienen dificultades para inhibir o modular sus respuestas o reacciones inmediatas ante las
situaciones. Es decir, les resulta difícil no hacer lo primero que les apetece o se les ocurre. No piensan en las
consecuencias de sus actos y directamente hacen (o dicen) lo primero que piensan, lo que se les pasa por la
cabeza. Por ello, en la clase responden sin pensar, a veces incluso antes de que el profesor haya terminado de
formular la pregunta, sin pensar realmente en lo que se les está preguntando.
Dicen comentarios inapropiados sin pensar en la reacción de la otra persona; por ejemplo, en clase dicen “vaya
tontería” en alto tras un comentario del profesor, lo que les acarrea un castigo o un punto negativo. Otro niño no
impulsivo probablemente pensaría que lo que está diciendo el profesor es tontería, pero que si lo dice en alto se
va a ganar un castigo, y decidiría no decir nada. Los niños con TDAH no tienen ese segundo mensaje antes de
una acción, no valoran las posibilidades ni las consecuencias de cada posible respuesta, simplemente actúan y
luego sufren las consecuencias. Sólo ven las consecuencias de sus actos cuando es demasiado tarde y ya han
hecho o dicho algo inapropiado. Sin embargo, a pesar de sufrir las consecuencias, no aprenden, y más adelante
se vuelve a dejar llevar por la primera cosa que se les ocurre, reaccionando impulsivamente.
Su impulsividad hace que les resulte muy difícil esperar su turno para hacer algo, por ejemplo en juegos, y por
ello no son aceptados por los compañeros (por ejemplo: en un partido saca una falta antes de dar tiempo a que
se coloque la barrera y habiendo dicho el entrenador que fuera otro el que la sacara).
El adulto con TDAH continúa con una
sensación interna de inquietud, con poca
planificación y organización, poca memoria,
distress o malestar emocional, frustración y
mal carácter, con enfados frecuentes. Suelen
tener un rendimiento académico y
ocupacional y un trabajo inferior a sus
capacidades reales. Les resulta difícil acabar
las tareas de cada día. A nivel familiar tienen
más problemas, como separaciones,
divorcios, varios matrimonios, y mayor índice
de accidentes de tráfico (comportamientos
que rompen las reglas: multas por exceso de
velocidad o conducción temeraria…).
Las causas que más se
han estudiado en torno
al TDAH son:
-
genética.
Generalmente es
heredada de los
padres.
-
Causas en parto
o embarazo.
Los estudios indican que en el
TDAH hay problemas de los
circuitos reguladores que comunican
el córtex prefontal y los ganglios
basales. Estas dos áreas del
cerebro se comunican mediante la
dopamina y la noradrenalina. Estas
zonas y circuitos están además
regulados por la inervación
dopaminérgica procedente de la
zona de los péndulos cerebrales en
el tronco del encéfalo. Estudios en
animales indican que niveles bajos
de noradrenalina en el cerebro
producen hiperactividad e
impulsividad.
Estudios de neuroimagen cerebral han encontrado que hay
varias regiones cerebrales afectadas en niños con TDAH.
Estas regiones incluyen la corteza frontal, el cuerpo calloso
y los ganglios basales.
Los niños con TDAH tienen un córtex prefontal más
pequeño. Esta zona se encarga de la función ejecutiva:
cómo planificar una acción, iniciarla, monitorizar si la
estamos haciendo bien o mal, darse cuenta de y corregir los
errores, ver si estamos siguiendo el plan, evitar
distracciones por estímulos irrelevantes, rechazar
interferencias, poder ser flexible si las circunstancias
cambian y ser capaz de acabar la acción. Además de las
variaciones en tamaño, estas zonas tienen menor actividad
funcional, funcionan menos o a menor ritmo en niños con
TDAH.
No. No acepte nunca que nadie le culpe de la enfermedad de
su hijo, como tampoco se debe culpar si su hijo tiene
diabetes o epilepsia. Aunque algunas de estas cosas no
ayudan, el TDAH no se produce por desacuerdos entre los
padres, ni siquiera por separación o divorcio, ni por el
nacimiento de un hermano menor, ni porque el padre o la
madre trabajen mucho y pasen poco tiempo en casa, ni por
cambiarle de colegio, ni por cambiar mucho de casa, ni por
tener niñera, ni porque le cuiden los abuelos… todas estas
cosas suceden, y a veces coinciden en el tiempo, pero no
tiene relación de causa- efecto con el TDAH sí que la tendrá
con una mejor o peor evolución.
Un diagnóstico correcto y a tiempo es el primer paso
para un buen manejo del TDAH y para la prevención
de sus complicaciones. Generalmente son los
padres, profesores, psicólogos escolares, pedagogos
o pediatras los que primero sospechan un posible
TDAH en un niño que tiene síntomas o problemas
que no se explican. Un pediatra con experiencia y
formación puede hacer un diagnóstico inicial e
incluso iniciar un tratamiento. Pero generalmente son
los especialistas (neuropediatra, psiquiatría infantil,
psiquiatría o neurólogo) los que harán un diagnóstico
definitivo con previa evaluación del orientador del
centro. Por tanto, ante sospechas, es necesario
consultar con el orientador del centro y con nuestro
pediatraa.
Una vez establecido el diagnóstico, el médico
establece un plan de tratamiento que puede incluir
también la participación de un psicólogo, un
pedagogo, un profesor de apoyo y de otros
profesionales para realizar labores de tratamiento.
Siempre que se sospeche TDAH, debe existir una
evaluación por un médico experto en diagnóstico y
tratamiento de niños con este problema
Lo primero que hará un médico ante un niño con posible TDAH
será escuchar a los padres y al niño en una entrevista detallada
con ellos y con el niño para que describan la naturaleza de los
problemas de su hijo. Además, se recoge la historia del desarrollo,
otros problemas médicos del niño, si tienen alergias, si toma
alguna medicación y otros datos importantes sobre su
escolarización, ambiente familiar, social, etc… también se explora
si hay TDAH u otros problemas psiquiátricos en familiares del
niño, aunque no convivan con él. Además, se explora si hay algún
tipo de conflicto entre los padres, algún factor estresante, algún
cambio reciente o tema sin resolver, y el estilo que tienen los
padres para el manejo de los problemas, así como la
comunicación entre los padres. En la entrevista se obtienen datos
mas importantes para el diagnostico, y no hay test ni pruebas que
puedan sustituir a una buena entrevista, detallada y cuidadosa. Es
fundamental que los padres contesten con sinceridad a lo que se
les pregunta, sin ocultarle nada, y no sólo dar detalles de lo que
ellos creen que es importante. No se trata de buscar culpables en
la entrevista, sino de hacerse una idea detallada de muchos
factores importantes para poder hacer un juicio clínico.
Seis (o más) de los siguientes síntomas
de inatención persisten más e seis meses
y son incongruentes con su nivel de
desarrollo:
a)
frecuentemente no presta atención
a detalles, o comete errores por
descuido en los deberes del
colegio, trabajo u otras actividades.
b)
Frecuentemente tiene dificultades
en mantener la atención en tareas
o juegos.
c)
Frecuentemente parece que no
escucha cuando se le habla
directamente.
d)
Frecuentemente no sigue
instrucciones, o no termina trabajos
del colegio, recados, tareas o
encargos en el lugar de trabajo (no
por causa de comportamiento
ocupacional o por no entender las
instrucciones).
e)
Frecuentemente tiene dificultad en
organizarse tareas y actividades.
f)
Frecuentemente evita, no le gusta
o es reacio a hacer tareas que
requieran esfuerzo mental
mantenido (como trabajos en el
colegio o los deberes de casa)
g)
Frecuentemente pierde cosas
necesarias para actividades o
tareas (juguetes, deberes del
colegio, lápices, libros,
herramienta).
h)
Frecuentemente se distrae con
facilidad por estímulos externos.
i)
Frecuentemente es olvidadizo con
sus actividades diarias.
Seis (o mas) de los siguientes síntomas de
hiperactividad- impulsividad persisten seis
meses y es incongruente con su nivel de
desarrollo.
Hiperactividad:
a)
frecuentemente enreda con manos o
pies, o se mueve en su sitio.
b)
Frecuentemente se levanta en clase o en
otras situaciones cuando debe
permanecer sentado.
c)
Frecuentemente corre o sube a sitios de
forma excesiva en situaciones en las que
es inapropiado (en adultos o
adolescentes, puede ser solamente
sensación subjetiva de inquietud)
d)
Frecuentemente tiene dificultades para
jugar o divertirse en silencio.
e)
Frecuentemente está en movimiento, o
actúa como si estuviera “con el motor en
marcha”
f)
Frecuentemente habla en exceso.
Impulsividad
a)
frecuentemente responde
impulsivamente, antes de
que se haya completado la
pregunta.
b)
Frecuentemente tiene
dificultades en esperar su
turno.
c)
Frecuentemente interrumpe
o se entromete en las
actividades de otros (se
mete en conversaciones o
juegos)
No, desgraciadamente todavía no disponemos de ninguna prueba,
test, análisis de sangre, radiografía, resonancia o imagen cerebral
que nos asegure al 100% si el niño tiene o no TDAH. El
diagnóstico es clínico, mediante entrevista con los padres, examen
físico y pruebas complementarias para descartar otros problemas.
Todas las pruebas médicas y exámenes psicológicos sirven para
descartar otras causas de hiperactividad e inatención diferentes al
TDAH y para ayudar al diagnóstico de TDAH, pero no hay pruebas
definitivas todavía.
Estudios actuales afirman que el trastorno por déficit de atención con
o sin hiperactividad es el trastorno con mayor incidencia en la
infancia. Se puede afirmar que al menos un niño/ adolescente de
cada aula puede presentar TDAH, independientemente del entorno y
del lugar del mundo en que se encuentre.
La incidencia de este trastorno es mayor entre niños que entre niñas,
con una proporción de cuatro niños por cada niña. En el caso de los
niños con TDAH, éstos presentan un mayor grado de hiperactividad-
impulsividad que las niñas, lo que conlleva conductas molestas,
desorden, falta de pulcritud, comportamientos impulsivos-agresivos
con los compañeros, pudiendo incluso a enfrentarse con el maestro o
profesor. Estas conductas preocupan tanto a padres como a
maestros, y por ello, se suele solicitar una consulta, por lo que se
diagnostica con mayor facilidad.
Por lo general, aunque las conductas impulsivas e
hiperactivas se atenúan en la etapa adulta, suele
persistir la sensación de inquietud, la tendencia a
manifestar comportamientos faltos de
premeditación, los problemas atencionales, la
desorganización, la escasa memoria a corto plazo
y las dificultades para mantener las rutinas diarias
en el trabajo y en el hogar.
Estudios clínicos han mostrados que el TDAH en
adultos genera un alto coste social y personal. El
trastorno se asocia a un mayor riesgo de fracaso
escolar- laboral y a una menor formación
académica a pesar de mostrar los pacientes un
coeficiente intelectual dentro de los límites de la
normalidad. Son frecuentes los problemas legales
relacionados con las conductas impulsivas, de
forma que se ha descrito una prevalencia del
TDAH de hasta un 40% en el ámbito
penitenciario. Asimismo, en diferentes estudios se
ha constatado que los pacientes con TDAH
presentan una mayor frecuencia de accidentes de
tráfico. Todas estas repercusiones dan muestra de
la importancia clínica del TDAH en adultos.
El TDAH no suele aparecer solo, y es frecuente que se acompañe de otros
problemas en niños. Suele haber más problemas cuanto más tiempo ha
pasado el TDAH sin ser tratado correctamente. Los trastornos que con
frecuencia acompañan al TDAH son el trastorno oposicional desafiante, los
trastornos de humor, y los trastornos de ansiedad. Otros trastornos menos
frecuentes en niños con TDAH son: trastornos del aprendizaje, de la
coordinación, trastornos por tics y trastornos del espectro autista.
Ante un niño con posibles síntomas de TDAH lo
primero que se debe hacer en la evaluación es
descartar otras causas de esos síntomas distintas
del TDAH, porque no todo lo que parece TDAH es
TDAH. Debe descartarse primero que los
síntomas sean normales para la edad, o que se
trate de una ansiedad o inquietud normal para la
edad o secundaria a algún factor social externo.
Deben descartarse factores sociales que puedan
producir síntomas parecidos a los del TDAH.
También deben descartarse problemas médicos
(neurológicos, endocrinológicos…), toxicidad por
medicaciones o drogas, problemas pedagógicos,
de inteligencia o del aprendizaje.
El trastorno oposicional /negativista / desafiante
es una forma de gravedad moderada de
problema de comportamiento que ocurre en la
infancia y adolescencia temprana en el cual el
niño es muy beligerante, discute mucho las
órdenes que se le dan, es desafiante y hace con
frecuencia lo contrario de lo que le manda, pero
sin producirse violaciones serias de los derechos
de otros ni de las normas sociales. El niño se
comporta de forma obstinada, negativista y
provocativa, intentando buscar puntos de fricción
con los padres, provocando y discutiendo sus
normas e intentando incumplirlas.
Con frecuencia, este comportamiento oposicional
se mantiene aunque sea en su propio perjuicio
(prefieren salir perdiendo a ceder), y supone
enfados explosivos, riñas frecuentes con adultos,
desafío de las reglas, estar muy sensible a los
comentarios de otros y ser muy resentido y
vengativo, teniendo estos comportamientos
varias veces a la semana o con regularidad, sin
ser un problema esporádico.
Frecuencia:
Aproximadamente entre un 3 y un 8% de los niños
tienen este problema, siendo de 2 a 3 veces más
frecuente en niños que en niñas. El trastorno
oposicional desafiante debe diferenciarse del TDAH
(donde el niño no obedece porque no recuerda las
órdenes recibidas, se despista o está demasiado
hiperactivo para escuchar o terminar ninguna tarea).
Además, el trastorno oposicional desafiante con
frecuencia está también presente en niños con TDAH,
ocurriendo los dos problemas simultáneamente. Un
porcentaje alto (hasta el 40 %) de los niños con
trastorno oposicional desafiante desarrollan la forma
más severa, llamada trastorno de la conducta,
especialmente aquellos con nivel intelectual inferior,
historia de muchas peleas y gran resistencia a la
disciplina paterna, pero la mayoría de los niños con
trastorno oposicional desafiante no desarrollan
trastorno de la conducta.
R24El trastorno de la conducta es la forma más severa de trastornos
del comportamiento, y se da principalmente en la adolescencia en
chicos que han tenido trastorno oposicional desafiante de pequeños.
Los adolescentes con trastorno de la conducta rompen repetidamente
normas sociales importantes y se saltan los derechos de los demás,
pudiendo llegar hasta la delincuencia juvenil.
Frecuencia:
Los estudios indican que entre un 1,5 % y un 3,4% de los chavales
pueden sufrir este problema, siendo entre 3 y 5 veces más frecuente en
chicos que en chicas. Los niños con TDAH, especialmente si no se
trata, con frecuencia presentan como complicación trastorno
oposicional desafiante y, si sigue evolucionando, trastorno de conducta.
Al tener tantos problemas en el colegio y con los padres, acaban por
desafiar todas las normas, oponerse a todo, y empiezan a faltar a
clase, escaparse de casa, etc.
Según datos procedentes de EEUU de la mitad de los
niños con TDAH necesitan tutorías académicas,
alrededor de un 30% repiten curso y asisten a uno o
más programas de educación especial y, lo que es
mas preocupante no terminan con éxito la enseñanza
secundaria. Pero además del bajo rendimiento
algunos de ellos experimentan trastornos específicos
de aprendizaje que afectan específicamente a las
áreas de la lectura, escritura y matemáticas.
El tratamiento puede incluir un apoyo psicológico,
psicopedagógico, y en caso de ser necesario el
tratamiento farmacológico. Aunque aún hay
controversia entre expertos, la evidencia científica
indica que el tratamiento farmacológico con
estimulantes es muy eficaz. Aunque además del
fármaco necesitaremos el resto de apoyos.
El tratamiento en todo caso debe ser diseñado
individualmente para cada niño y cada familia.
Hay varios tipos de medicinas que ayudan a
los niños con TDAH. Son principalmente, los
estimulantes (como el metilfenidato), que
actúan sobre el neurotransmisor dopamina,
y medicaciones no estimulantes (como la
atomoxetina y el grupo de los antidepresivos
tricíclicos), que tienen efecto principalmente
sobre la noradrenalina.
El metilfenidato aumenta la dopamina
en el cerebro, y la atomoxetina aumenta
la noradrenalina. Estos
neurotransmisores aumentan en
algunas zonas del cerebro que
funcionan por debajo de lo normal en
niños con TDAH. Estas zonas son las
áreas frontales (llamadas prefontales),
que sirven para inhibir las respuestas y
para filtrar el ruido de fondo y podernos
concentrar.
-
reducción del
apetito
-
problemas para
conciliar el sueño
-
dolor de cabeza y
de estómago
-
tics y síndrome de
la Tourette
-
efecto rebote
-
focalización
excesiva
La mayoría de los expertos están de acuerdo en que los
medicamentos para el TDAH son seguros y eficaces cuando se
toman bajo la supervisión de un psiquiatra o un médico. Por otra
parte, los medicamentos para el TDAH han demostrado ayudar a
los adolescentes con TDAH en diferentes áreas, ya que reducen
la cantidad de fumadores, el consumo de drogas, las lesiones y
los accidentes automovilísticos, además de ayudar a mejorar las
relaciones tanto dentro como fuera del hogar.
Pero el abuso de estimulantes (consumo sin necesidad,
consumo en dosis elevadas o más elevadas de lo recomendado
por el médico) puede causar algunos problemas graves de salud.
Los efectos secundarios de los estimulantes recetados para el
TDAH, cuando se toman a largo plazo y en dosis elevadas
(abusivas), incluyen el aumento del ritmo cardíaco y la presión
arterial, temblores incontrolables, cambios de humor, confusión,
paranoia, alucinaciones, delirios (cuando tu mente cree que algo
es cierto pero no lo es) y respiración irregular.
Las sobredosis de medicamentos para el TDAH también pueden
aumentar peligrosamente la presión arterial y causar arritmias
cardíacas, convulsiones, espasmos y movimientos incontrolables
graves, sudor, sequedad en la boca y los ojos, y vómitos.
Además, estos medicamentos pueden crear adicción cuando se
abusa de ellos. Tal como ocurre con otras medicinas que se
deben administrar bajo control y prescripción de un médico,
existen leyes que prohíben el uso compartido de medicamentos
para el TDAH.
Puesto que los medicamentos para el TDAH son potencialmente
adictivos si se abusa de ellos, existe la preocupación de que
quienes consumen estos medicamentos para tratar su TDAH
sean más propensos a abusar de otras sustancias, como las
drogas o el alcohol. Pero, en realidad, las investigaciones han
demostrado que las personas con TDAH que reciben un
tratamiento con medicamentos bajo supervisión médica son
menos propensas a abusar del alcohol y de otras drogas. (Y las
personas que toman sus medicamentos para el TDAH de forma
adecuada no se vuelven adictas a estas medicinas).
Por lo general, la medicación es sólo una parte del plan de
tratamiento del TDAH, que también debe incluir terapia y
modificaciones en la escuela y las clases.
El niño con TDAH tiene muchas dificultades para realizar
actividades que requieran un nivel elevado de concentración o
trabajo en equipo; por ello, es frecuente que padres,
profesores y compañeros le tilden de “pesado” o
“maleducado”.
Todo esto puede generarle problemas de autoestima y
síntomas depresivos. Además no sólo continuará teniendo
dificultades para atender y controlar sus impulsos, sino que
llegará a rechazarse a sí mismo, a la escuela, a los
compañero o amigos y/o incluso a la familia, mostrándose
desmotivados para superar sus dificultades.
Usted puede ayudar a su hijo a reconocer y desarrollar su
potencial personal, lo que mejorará su autoestima, siguiendo
las siguientes pautas:
Descubra que tiene de especial y dígaselo:
Algunos comportamientos normales en algunos niños,
como permanecer quieto durante mucho tiempo, pueden
costarle a su hijo mucho trabajo. Es importante que usted
tenga en cuenta este esfuerzo, lo elogie y lo premie.
Asegúrese de que no solo se sienta apreciado, sino que
sepa que es especial para usted.
También es importante que demuestre interés y asista a
las actividades en las que participe (escolares, deportivas,
artísticas…), reconociendo ante los demás su esfuerzo y
sus aportaciones. Todo esto le ayudará a sentirse valorado
y querido, a pesar de su inatención o hiperactividad.
Utilice mensajes positivos
Esto servirá para mejorar su comunicación con él. Intente
sustituir el verbo “ser” por el verbo “estar”. Por ejemplo, en
lugar de decirle “eres un desordenado”, dígale “tu
habitación está desordenada”. De esta forma, usted le
demuestra que su conducta es incorrecta, sin atacar su
autoestima.
Crea en él
Ofrézcale la oportunidad de asumir responsabilidades
en el hogar, mediante actividades que le hagan sentir
útil e importante. Puede empezar ofreciéndole tareas en
las que usted sabe que puede conseguir éxitos, como
darle comida a su mascota o poner la mesa.
Enseñe a su hijo a descubrir en qué es bueno.
Aliente a su hijo en aquellas áreas en las que ha
demostrado una habilidad especial, como el deporte, la
música o contar historias. Estas aptitudes pueden
convertirse en una fuente de orgullo y logros, e incluso
pueden llegar a ser más importante en la vida del niño
que sus propias dificultades. Asegúrese de que sienta
que es bueno y que esto le haga sentir valioso.
Ayúdelo a aceptar sus propias limitaciones y
acéptelo.
Hágale saber que comprende sus sentimientos y que
puede ayudarle a entender que todos tienen dificultades
en algunas áreas y capacidades en otras. Usted
también debe separar al niño de la conducta y de su hijo
como persona, no sólo sus éxitos y habilidades.
Las rutinas ayudan a estructurar el día y producen seguridad en el niño con TDAH. Si
el niño sabe lo que va a pasar, no le sorprenderán las cosas, y estará preparado.
Casi todos los colegios hacen que el niño escriba su horario de clases. De la misma
forma, podemos escribir un horario de actividades, tiempos de estudio, tareas y ocio
después del colegio, que incluya las actividades extraescolares y también lo que se
planea hacer el fin de semana. El horario debe estar en un sitio visible, y si hay que
hacer algún cambio, se avisa al niño con tiempo suficiente y se le recuerda alguna
vez. Los horarios de cenar, prepararse para acostarse e irse a dormir deben ser
bastante estables y no hacer cambios arbitrarios o por sorpresa.
Está demostrado que el refuerzo es mucho más eficaz que el castigo. Esto es
porque: el castigo no siempre se cumple y pierde su fuerza y significado y
porque estos chicos podrían estar castigados todo el año si siempre usásemos
esta técnica.
Así, es mucho mejor usar el refuerzo y puesto que los niños con TDAH pierden
enseguida el interés por las cosas, la clave para modificar su comportamiento
está en reforzarlos frecuentemente utilizando pequeñas recompensas. Es
necesario detectar el comportamiento que se desea reforzar, administrando el
refuerzo con frecuencia e inmediatez, y dirigiendo la atención sólo hacia el
comportamiento adecuado.
Las alabanzas y otras formas de atención positiva, como sonreír o el contacto
físico son otros de los instrumentos más básicos de los que dispone el profesor
y de los padres.
Su aplicación parece simple, pero en realidad se requieren grandes habilidades
para que los elogios sean máximamente eficaces. Así, las alabanzas han de ser
sinceras, de forma que si sólo se ha cumplido una parte del objetivo hay que
reforzar por ello y añadir lo que falta por hacer, evitando comentarios como “si,
pero…”, utilizarlas sólo durante o después de la emisión de la conducta que se
desea incrementar y variar la forma de enunciarlas.